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lunes, 20 de agosto de 2012

1ª Jor. Liga 2012/13 Levante 1-1 ATLETI - Los jóvenes al poder







LEVANTE, 1 – ATLÉTICO, 1

Levante
Munúa; Pedro López, Navarro, Ballesteros, Nikos;
El Zhar (Míchel, m. 74), Diop (Pallardó, m. 86),
Iborra, Juanlu; Barkero y Ángel (Gekas, m. 57).
No utilizados: Navas, Rodas, Serrano y Roger.

Atlético
Courtois; Cata Díaz, Miranda, Godín; Silvio (Kader,
m. 74), Arda, Gabi (Raúl García, m. 83), Tiago,
Cebolla Rodríguez; Adrián (Óliver Torres, m. 64)
y Falcao. No utilizados: Asenjo,
Mario Suárez, Coke y Emre.

Goles
1-0. M. 5. El Zhar, con la izquierda desde la frontal.
1-1. M. 21. Arda Turan, de un
derechazo desde fuera del área.

Árbitro
Clos Gómez. Amonestó a Ballesteros, Cata Díaz y Juanlu.

14.925 espectadores en el estadio Ciutat de València.

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Los jóvenes al poder

Simeone da la alternativa a Óliver Torres y
Kader en la última media hora, pero el Atlético
choca contra el orgullo del Levante, que se
había adelantado a los cinco minutos



Los entrenadores han perdido ya el miedo a alinear a los chavales. Si Manuel
Pellegrini convirtió el sábado al camerunés Fabrice en el goleador más joven de
la Liga, con 16 años y tres meses, Simeone le dio el mando a Óliver Torres en la
última media hora en el Ciutat de València contra el Levante. Y la joya de la cantera
rojiblanca, de 17 años, respondió con autoridad, acompasado por otro chico de la
escuela, el extremo Kader, de 20. A la frescura del Atlético le respondió el Levante
con la solidez acostumbrada: equipo aguerrido y sufriente por antonomasia,
siempre saca fuerzas de flaqueza y acaba al abordaje, en una contra
en el minuto 93 desaprovechada sin embargo por Míchel.

Pese a estar el partido en la frontera entre un día y el siguiente, la noche apenas
mitigó un calor pegajoso en la ciudad de Valencia. El castigo sería menos severo
para el equipo que se apoderara del balón. El Atlético, de manera abrumadora en
la primera media hora. Ejerció de 10 Arda Turan, con absoluta libertad para
moverse por donde le conviniera. Asociándose a menudo con Adrián y Cebolla
Rodríguez, un zurdo con velocidad y pegada. Pisando el media punta turco las
partes blandas de un Levante que sigue siendo un muro en la línea marcada por
el veterano central Ballesteros, incombustible otro curso, otra vez impecable en
su duelo con Falcao. De ahí que Arda acelerara al llegar a la zona de tres cuartos,
se escabullera de Iborra y buscara la escuadra izquierda de Munúa. La estirada
del meta uruguayo resultó estéril. El derechazo sonó a gloria en esa esquina del
Ciutat de València que resguardaba al millar de aficionados rojiblancos.



Lesionados los dos laterales titulares (Juanfran y Filipe), Simeone optó por blindarse
con tres centrales (Cata, Miranda y Godín) a la espera de que los carrileros (Silvio y
Cebolla Rodríguez) le dieran recorrido por las orillas. Ni una cosa ni la otra. No por
disponer de más torres defiende uno mejor su propia área. Lo comprobó el Atlético
cuando despejó corto un centro de córner de Barkero: a El Zhar le dio tiempo a
elegir el palo más alejado de Courtois antes de colocar con la zurda.

Un gol tan temprano confundió al Levante. Creyó que, como tantas veces en el curso
pasado, podría vivir de las rentas y gestionar el resultado a lo largo del encuentro. Se
atrincheró en torno a Munúa y dejó pasar el tiempo. Pero, a diferencia del año pasado,
sin poder salir de su campo porque apenas encadenó tres pases seguidos. Sin Koné,
la gran referencia en el juego de ataque, le cuesta mucho más salir de
la cueva. Eso el Atlético lo aprovechó: habitó en el campo granota
hasta que Arda Turan descerrajó las redes de Munúa.



El cuadro de Simeone aflojó y el Levante entendió que Ángel no debía seguir siendo
un náufrago ante la zaga rojiblanca. Llegaron refuerzos a través de El Zhar y Juanlu,
además de un Barkero poco afilado. Iborra envió un disparo explosivo al larguero de
Courtois. El choque se equilibró, pero la primera parte se hizo larga, un tanto tediosa.
También para el árbitro, Clos Gómez, que echó un vistazo al reloj a falta de cinco
minutos para el descanso. Antes de despedirse, el pequeño Ángel dio una patada
a una de las vallas muy descriptiva de su actuación: tanto correr para nada.
La vida es dura y a menudo solitaria para un delantero en el Levante.
Le sustituyó otro debutante, el griego Gekas.

“¡Óliver Torres!”, el grito de la hinchada atlética anticipaba un acontecimiento: el debú
en Primera División del chico del verano, el mediocentro que ha levantado una
expectación gigantesca tras llevar a España sub 19 a ganar el campeonato de
Europa en julio pasado. Y sí, tuvo presencia y personalidad pese a perder los dos
primeros balones. Se mostró siempre y envió un precioso centro desde la derecha
que Falcao cabeceó fuera. Con la movilidad y el pase rápido de Óliver Torres, Arda
entró otra vez en ebullición y el Atlético mascó el gol si el árbitro hubiese apreciado
un posible empujó de Ballesteros a Falcao para evitar el remate de este.

Pero el Levante nunca se da por vencido. El orgullo lo lleva a cualquier parte, como
ya demostró el curso pasado. A orillas de Courtois en el último suspiro.
A combatir sa juventud que toma el poder en el vestuario del Atético.

C. Ros - Valencia
19 AGO 2012 elpais.com
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viernes, 25 de mayo de 2012

38ª Jor. Liga 2011/12 Villarreal 0-1 ATLETI.- Victoria triste para el Atlético







[size=24]Villarreal 0 - Atlético 1[/size]

Villarreal
Diego López, Mario, Zapata, Musacchio, Jaume
Costa; Senna, Marchena (Ángel, m.67), Bruno
Valero, Borja Valero; Hérnán Pérez
(Wakaso, m.84) y Marco Ruben.

Atlético de Madrid
Courtois, Juanfran (Mario, m.75), Godín, Miranda,
Filipe Luis; Salvio, Gabi (Koke, m.58), Diego,
Tiago; Adrián y Falcao (Domínguez, m.90).

Goles
0-1, m.88: Falcao.

Árbitro
Estrada Fernández (C. Catalán). Amonestó por
el Villarreal a Jaume Costa y Marchena,
y por el Atlético a Salvio y Tiago.

Incidencias
Partido correspondiente a la jornada 38 de
Primera División disputado en el campo de
El Madrigal, ante 23.000 espectadores.

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[size=24]
Victoria triste para el Atlético[/size]

El triunfo del Málaga deja en nada
el golazo de cabeza de Falcao

Marco Ruben desperdició una clara
ocasión local en el minuto 92



No jugará la Champions el Atlético el próximo año, aunque muy al final hizo
lo que le tocaba a él. Lo hizo Falcao, el de siempre, el que nunca falla, el
que probablemente el año que viene no esté si nos fiamos del mensaje del
club. Acaso resacoso por haber ganado la Europa League el miércoles -y
su celebración correspondiente-, acaso también porque el Villarreal se
jugaba el descenso y, a falta de fútbol, sí aplicó intensidad, el caso es que
a los de Simeone les costó un mundo hacer su trabajo, y sólo pudo
concretarlo a falta de dos minutos. Así las cosas, el Villarreal baja a
Segunda y el Atlético jugará la Europa League como campeón de la
competición, pues en Liga ha vuelto a quedar en un triste sexto lugar.

Con más miedo que vergüenza, durante la primera parte no pasó nada.
Apenas un par de disparos de Hernán Pérez y un remate de cabeza de
Marchena al borde del descanso deshicieron los empujones en
el centro del campo, que era de lo que se trataba el partido.



Simeone afrontó el partido con todo, claro, no había otra, aunque chirrió la
presencia de Tiago en el once en el lugar de Mario, si bien el despliegue
del español en la final del pasado miércoles podría tener algo que ver.
Tampoco estaba Arda, sancionado, y en su lugar entró Salvio, uno de los
más activos. Después quitó a Gabi para meter a Koke, e incluso
a Mario para meter a Juanfran, dejando defensa de tres.

Un montón de probaturas que el Villarreal contempló con la tranquilidad
de los resultados que se iban produciendo. No se fue el equipo de Lotina
a por el partido y claro, cuando en el otro equipo habita un tipo como
Falcao uno no se puede fiar. El Atlético encontró premio a su insistencia
en la cabeza del colombiano, que remató a falta de tres minutos un córner
dando un salto que desafía, con mucho, las leyes de la gravedad.



El caso es que no pudo completar, pese a sus 24 goles en Liga, el sueño
de ir a Champions, y eso puede mandar al delantero fuera del
Atlético este próximo verano, y ese es el mayor drama para
un club que ya se había entregado a su nuevo ídolo.

E. J. Castelao | Madrid
14/05/2012 elmundo.es
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FINAL UEFA EURO. L. 2011/12 ATLETI 3-0 ATH.- El Atlético pone el fútbol por las nubes







[size=24]ATLÉTICO 3 - ATHLETIC 0[/size]

Atlético de Madrid
Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe; Gabi,
Mario; Adrián (Salvio, min.88), Diego
(Koke, min.90), Arda Turan
(Domínguez, min.93); y Falcao.

Athletic Club de Bilbao
Iraizoz; Iraola, Javi Martínez, Amorebieta,
Aurtenetxe (De Marcos, min.46); Iturraspe
(Íñigo Pérez, min.46), De Marcos, Herrera
(Toquero, min.63); Susaeta, Muniain y Llorente.

Goles
1-0, min.6: Falcao, en jugada personal.
2-0, min.34: Falcao, a pase de Arda Turan.
3-0, min.85, Diego, deshaciéndose
de Toquero y Amorebieta.

Árbitro
Wolfgang Stark (Alemania). Mostró tarjeta amarilla
a Falcao, del Atlético de Madrid, y a Herrera,
Amorebieta e Íñigo Pérez, del Athletic Club.

Incidencias
Final de la Liga Europa 2011-2012, disputada en
un Estadio Nacional de Bucarest casi lleno con
52.347 espectadores. Noche agradable y
terreno de juego en buenas condiciones.

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[size=24]El Atlético pone el fútbol por las nubes[/size]

El equipo madrileño, liderado por Diego y un
Falcao tan espléndido como definitivo, golea
al Athletic (3-0), que pareció jugar
atenazado por los nervios



Neptuno tenía visita. En Bucarest lo llenó de agua un equipo grande ante
un rival muy grande al que le pesó el tamaño de la final. La Liga Europa
parece una competición hecha a medida del Atlético. Si la regularidad no
es su fuerte, los momentos estelares no le deslumbran. En Bucarest
deslumbró al fútbol con una noche mágica de sus dos grandes figuras,
el goleador Falcao y el violinista Diego. Los grandes partidos reclaman
siempre a los grandes futbolistas. Si acuden a la cita, ratifican su grandeza.
Si llegan tarde, se pierden la gloria. Falcao es de los que madruga para no
faltar a su destino. Siempre intenta coger el primer tren que pase por su
puerta. Cuando llegó apenas habían gastado unos pocos minutos de
espera, cuando, gentil, Amorebieta le abrió la puerta. Falcao, implacable,
le rompió la cintura en un par de quiebros y puso el balón
con un toque precioso en el ángulo donde anidan las
telarañas, muy lejos de los guantes de Iraizoz.

El gol no solo le dio al Atlético la ventaja en el marcador y el estilo que
ansiaba para disfrutar de los espacios. Le dio mucho más, porque sacó
del partido a la mayoría de los futbolistas del Athletic, que sufrieron el
mayor pecado que se puede cometer en una final: regar el manojo de
nervios con el que acudieron a la cita europea. En apenas 45 minutos,
cometió más errores no forzados que en toda la temporada. Difícil que
en tales circunstancias el balón llegue a Llorente, encarcelado por
Godín y Miranda, y muy fácil que la pelota acabe en los pies de
Falcao, o de Adrián, o de Turan o del omnipresente Diego.



Tan generoso andaba Amorebieta, confuso desde el primer gol del
colombiano, que se permitió una delicatessen en el área que no se
corresponde con su jerarquía futbolística. El centro subsiguiente lo
recogió Falcao, que ya viajaba en business, y se marcó un quiebro
de espaldas a la portería, para hacerse sitio en la butaca
del área, y marcar con la izquierda un gol soberano.

Un suicidio ante un equipo como el de Simeone, convertido en un ejército
que maneja bien los tiempos, que sabe frenar los ataques, al límite o
sobrepasándolo si es preciso de la legalidad reglamentaria, pero ajeno
a la violencia. Gabi y Mario Suárez eran como un cortacésped que le
segaron el juego a Iturraspe, ausente. Todo el Athletic se reducía a dos
futbolistas que, ajenos al nerviosismo, maniobraron en la segunda línea:
Muniain y Herrera pusieron electricidad a un equipo bilbaíno que se había
quedado sin voltaje. Aún así, con 1-0, tuvo su acercamiento a la gloria,
es decir a la cita con los partidos fundamentales, cuando empalmó un
centro de Iraola, pero le dio con el costadillo del pie y en vez de
rematar despejó. Y la tuvo más tarde Muniain con
un disparo que repelió, muy ágil, Courtois.



Fueron los fogonazos bilbaínos en un partido que en su primera mitad
tenía fijados los focos en el Atlético y especialmente en su ilustre figura
Falcao, que buscaba rabiosamente el flanco por el que se movía
Amorebieta. Diego y Turan se movían por todo el campo como puñales
en busca de su diana. Herido habitual era Iturraspe, normalmente el faro
que ilumina la transición del equipo de Bielsa, pero le rompieron la
bombilla. Por eso era más sombrío, más tenue, con su estrella
apagada y apenas con las luces de posición que se
empañaban en mantener Herrera y Muniain.

Bielsa recompuso estrategia y futbolistas tras el descanso. Íñigo Pérez
dejó en el banquillo pensando a Iturraspe e Ibai Gómez hizo lo propio
con Aurtenetxe. Despobló Bielsa la defensa en busca de más
profundidad. Pero la armadura rojiblanca era poderosa y apenas tenía
leves rasguños. No solo se sentía ganador sino gobernador del partido,
por más que la pelota estuviera en los pies del oponente. Se sentía
asegurado por la fortaleza de sus centrales, que convirtieron a Llorente
esta vez en un arma de fogueo. Amén de la pelota, le robaron la ilusión.
La sucesión de faltas rojiblancas en el medio campo acrecentó
los nervios del equipo verde esperanza, casi al mismo
ritmo que caían los minutos en el reloj.



Atacaba el Athletic, pero asustaba el Atlético. En los partidos afilados, la
hoja de Turan, Adrian y Diego es demasiado fina para una defensa
demasiado blanda. Cuando hay que tirar del mazo, encontraba a Falcao.
El Athletic nunca encontró a Llorente, atosigado en el área, sin movilidad,
fijado por los centrales como un poste a la tierra firme. Su mayor peligro
eran las diagonales, cada vez más espaciadas de Muniain para pasearse
entre las dos líneas defensivas que propuso Simeone. Más alegría le dio
Ibai Gómez, un chico con un toque poderoso. La presencia de Toquero
buscaba el objetivo de mover a los centrales, de abrir la defensa para
que corriese el aire en la calurosa noche rumana. Ibai Gómez se convirtió
en la dentadura de un equipo con demasiada caries. Sus arrancadas y su
fe le dieron al Athletic dos ocasiones para volver a la vida. La última de
De Marcos, que se fue alta, era otra puerta abierta
tras el suicidio de los centrales rojiblancos.

Por momentos pareció que el Atlético volvía a su versión más tópica, la
que le hace caer en apenas un suspiro en depresiones que le devuelven
a su mitología de equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Tan insistente
era el agobio del Athletic que se echó a temblar, se fue para atrás, tan
hacia atrás que casi se acula en la valla. Tanto acoso produjo el momento
fiero de un león herido. Las ocasiones se incrementaron en tal medida (la
de Susaeta fue clamorosa) que alguien vio volar unas cuantas pupas por
el cielo de Bucarest. Era la versión menor del Atlético, ya
más preocupado por el reloj que por el juego, y que
a punto estuvo de secar la fuente de Neptuno.



Pero en las grandes citas, y en la noche de Falcao (también disparó al
poste), no podía faltar Diego, el ingeniero, el artista, el artesano, para
dejar su sello con un gol al nivel exigido en una acción individual. Todo
el acoso laborioso, entregado, del Athletic, atacando en tromba, dejando
el corazón más que la cabeza, en busca de un objetivo casi imposible,
fue borrado de un plumazo por un gol de bailarín, de
esos que se construyen con un violín en los pies.

El fútbol, para ser eléctrico, necesita unos principios inquebrantables,
goles como soles y unas aficiones indesmayables. Las tres cuestiones
se cumplieron a rajatabla. Aunque los goles cayeron de un solo lado y
en momentos psicológicos del partido. Y en asuntos psicológicos el
Atlético vive muy por delante del Athletic. Una final exige poner muchas
cosas en juego. Y el Atlético las puso todas (incluso un cierto suspense
como resucitando sus viejos fantasmas) ante un rival más que digno,
más que laborioso, más que valeroso. Le queda la ilusión de saber que
dos jovenzuelos, Muniain e Ibai Gómez, pudieron con el peso
de una final. Cuestión de futuro. Por unas y otras razones,
entre ambos pusieron el fútbol español por las nubes.

E. Rodrigálvarez - Bucarest
9 MAY 2012 elpais.com
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